domingo, 14 de octubre de 2012

¿Cómo se refleja el proceso de inclusión de la mujer en el actual sistema educativo colombiano?

      A lo largo de la historia, son muchos los ejemplos que existen acerca de cómo desde las sociedades más antiguas, se ha relegado y menospreciado el valor que tiene la mujer, en todos los ámbitos existentes. La sociedad colombiana no ha estado alejada de tales estereotipos, tanto en la época colonial como luego de la independencia y aún en nuestros días, la mujer sigue siendo objeto de muchas recriminaciones y ha tenido que tomar valor para poder renunciar a muchos de estos estereotipos. Aun cuando en Colombia existe una norma que exige al empleador pagar la misma cuantía salarial a hombres y mujeres que desempeñen la misma función, todavía hay una importante brecha en la remuneración por género.
      En Colombia, el proceso de apertura sistemática de la educación superior a las mujeres se enmarcó en el cambio de la hegemonía conservadora a la liberal durante la década de 1930 y fue el resultado de las luchas de mujeres, afirma la socióloga colombiana Luz Gabriela Arango.
      En diciembre de 1934, señala la trabajadora social y profesora de la Universidad Nacional de Colombia María Himelda Ramírez, se tramitó ante el Congreso de la República un proyecto de ley para que las mujeres pudieran acceder a la universidad en igualdad de oportunidades que los hombres. Pese a la gran controversia que esto suscitó, el proyecto fue aprobado y la Universidad Nacional de Colombia se convirtió en la primera institución en abrir sus puertas a las mujeres. Si bien esto significó un avance importante, Arango señala que la apertura se dio como parte de un proyecto disciplinador de la sociedad. A través de la creación de facultades femeninas, las mujeres mantenían un lugar subordinado. En su libro Jóvenes en la Universidad. Género, clase e identidad profesional, Arango afirma que las facultades femeninas fueron creadas como modo de potenciar “los efectos positivos de la educación profesional femenina sobre las relaciones conyugales y el ejercicio de la maternidad” (2006:76). Esta afirmación es válida para el contexto colombiano y generalizable al proceso de apertura de la educación superior para las mujeres en el mundo.

DATOS SOBRE LA EQUIDAD SALARIAL EN COLOMBIA
      Las mujeres colombianas participaron en la historia social, económica y política del país tempranamente, desde las luchas por la independencia. Sin embargo, su presencia en la escena nacional no siempre fue visible y ha estado marcada, como en casi todo el continente americano, por los procesos de industrialización y urbanización, su creciente vinculación a la estructura educativa y de trabajo, las políticas de control de la natalidad, las reformas en la legislación y el desarrollo del movimiento social de mujeres en sus diferentes vertientes.
      Sólo tras una lucha de varias décadas obtuvieron el derecho a voto, siendo Colombia uno de los países de la región que más tardaron en reconocerlo. Algo más rápido -en el contexto regional- fue su acceso al poder ejecutivo: en 1954 una mujer ocupó un Ministerio. Sus luchas han estado precedidas de organización, creación de espacios propios y confrontación con el poder de una sociedad patriarcal, renuente a brindarles oportunidades para su desarrollo pleno.
      En ese contexto es significativo el desarrollo de grupos y movimientos de mujeres, los que se perfilan más claramente desde los años ochenta, fortalecidos por el proceso mundial y latinoamericano en favor de las mujeres. Con flujos y reflujos, al ritmo de la coyuntura política, hoy día cuentan con una Política Integral para las Mujeres, pionera en América Latina. Destacan grandes contrastes: mientras poseen elevados niveles de participación en la Población         Económicamente Activa y alcanzan cargos importantes en el poder ejecutivo -ministerios y viceministerios de relevancia política- como la actual Ministra de Relaciones Exteriores, es muy baja su presencia en las corporaciones públicas y representativas -Senado, Cámara de Representantes, Asambleas y Concejos Municipales- y su acción a nivel local no se traduce en una alta participación en los ámbitos directivos.
      Al comenzar la década de los noventa las colombianas son ya mayoritariamente urbanas y principalmente jóvenes-adultas, en vez de jóvenes, como lo eran al iniciarse los años setenta. La aceleración de su transición demográfica guarda relación con la drástica reducción de su fecundidad producida en las últimas dos décadas, que también ha tenido lugar -aunque años más tarde- entre las mujeres rurales. Las colombianas dirigen uno de cada cinco hogares, lo que significa una cantidad total importante: casi un millón de hogares. El crecimiento de su participación en la fuerza laboral se ha hecho estructural en las últimas dos décadas. Pese a los problemas de subregistro que tiene esa participación económica femenina, actualmente se estima que las colombianas representan cerca de un 40% de la Población Económicamente Activa del país. No obstante ese incremento, las mujeres siguen ocupándose en trabajos tradicionalmente femeninos, de menor retribución y consideración que los ocupados por los hombres. A la fecha el DANE nos muestra estadísticamente que a partir del Gobierno de Alvaro Uribe, las mujeres han llegado a una participación del 52% y que aún mantiene este registro.

PORCENTAJES DE DOCTORANDOS HOMBRES Y MUJERES EN COLOMBIA


      En Colombia, el proceso de apertura sistemática de la educación superior a las mujeres se enmarcó en el cambio de la hegemonía conservadora a la liberal durante la década de 1930 y fue el resultado de las luchas de mujeres, afirma la socióloga colombiana Luz Gabriela Arango.
     María Himelda Ramírez, se tramitó ante el Congreso de la República un proyecto de ley para que las mujeres pudieran acceder a la universidad en igualdad de oportunidades que los hombres. Pese a la gran controversia que esto suscitó, el proyecto fue aprobado y la Universidad Nacional de Colombia se convirtió en la primera institución en abrir sus puertas a las mujeres. Si bien esto significó un avance importante, Arango señala que la apertura se dio como parte de un proyecto disciplinador de la sociedad. A través de la creación de facultades femeninas, las mujeres mantenían un lugar subordinado. En su libro Jóvenes en la Universidad. Género, clase e identidad profesional, Arango afirma que las facultades femeninas fueron creadas como modo de potenciar “los efectos positivos de la educación profesional femenina sobre las relaciones conyugales y el ejercicio de la maternidad” (2006:76). Esta afirmación es válida para el contexto colombiano y generalizable al proceso de apertura de la educación superior para las mujeres en el mundo.

PORCENTAJES DE DOCTORANDOS HOMBRES Y MUJERES EN LATINOAMÉRICA.
     En América Latina y el Caribe cerca del 60% de egresadas de pregrado son mujeres. La representación femenina baja a 47% en la maestría pero sube a 49% en el doctorado. En investigación, las mujeres de la región ocupan el 46% de los cargos mientras que el promedio mundial apenas llega al 29%. La Comunidad de Estados Independientes (ex-Unión Soviética) es la región que más se acerca a este porcentaje, con 43% de mujeres investigadoras; mientras que Asia tiene el porcentaje más bajo de participación femenina en investigación con apenas 18%.
      Desde 1970, la capacidad mundial de los sistemas educativos en los niveles primario, secundario y superior se ha incrementado más del doble. En la educación superior se ha multiplicado por seis. En los últimos 20 años, en las regiones de Asia Oriental, el Pacífico, África Subsahariana y América Latina y el Caribe ese aumento ha sido más intenso que en Norteamérica y Europa Occidental, señala el Informe de la UNESCO.
       De acuerdo con esta investigadora, en Colombia el aumento del ingreso de mujeres fue concomitante con el crecimiento de la universidad que tuvo inicio en la década de 1950. El número de mujeres rápidamente igualó al de hombres. “De 2.990 estudiantes universitarios en 1940 pasó a más de 20.000 en 1960 y a cerca de medio millón en 1985. Una de las características de mayor impacto social de esta expansión es la notable participación de la mujer, que alcanzó en 1983 el 46% de la matrícula y en 1990 el 52%” (2006: 70). No obstante, en el nivel de doctorado los hombres continúan prevaleciendo, con un porcentaje del 72% de los 345 doctorandos del país en el año 2000.
      Según el Observatorio Colombiano de Ciencia y Tecnología, en 2008, el 72,7% de los doctores en ciencias naturales y exactas graduados en Colombia fueron hombres. Lo mismo ocurrió para el 84,3% de los doctores en ciencias de la ingeniería y el 77,5% correspondiente a ciencias agropecuarias. Las diferencias porcentuales entre hombres y mujeres disminuyen en los doctorados de ciencias médicas (58,6% hombres y 41,4% mujeres) y en los de ciencias sociales y humanas (66,3% hombres y 33,7% mujeres).